No me vas a leer




Hablo de mí, porque sé que no me vas a leer, de la misma manera que no me escuchaste nunca. Hablo de mí, para mí ya que es la única forma que encuentro de hablar de yo misma, ahora, sin ti. Presente sin futuro, agarrado a un pasado. Hablo de mí y no de ti, como hacía antes, cuando todo eras tú y los caminos hacia tu vivir, tu sentir, tu estar y todos los verbos tuyos y no míos. El amor lo ocupa todo: hasta las páginas en blanco. No te lo vas a creer, pero ahora que soy yo, sin ti, me siento yo, sin nada. Y no, no es que lo haya perdido todo. Sigo teniendo lo mismo: menos a ti, que lo llenabas todo. Hablo de los verbos, como si fueran complementos directos, solo tuyos y no de nosotros. Es esta forma de amar que pierde la -a- ahora que te has ido y se convierte en nombre. Mar, solo eso, pero azul y grande, viene y  va, arrasando, arrasándome. Dejando arena y desierto, playa vacía, botes de cerveza, desolación, basura, cigarros hundidos en la piel del paisaje. Todo eso que somos cuando el caos reside en la rutina del desorden. Nunca me han gustado las líneas rectas, fui más o menos en curva, siempre mirando a tu ombligo, pero es que miro por la ventana y siempre veo las mismas huellas pisando hacia el mismo sitio. No anhelo ya tu vuelta, no te espero por navidad, tampoco el siete de agosto, ni su anuncio. No quiero saber de ti, que bastante vida te llevaste, Solo quiero hablar de mí, de las cosas que me pediste que nunca hiciera. De los besos que no dejaste ser besos, solo piel muerta esperando a tus labios. Quiero hablar de mí, sin pensar en nosotros, como hacía contigo pero al revés. Y desde esta soledad que hoy me funde, cual cera en vela, enterrar las frases sin sentido para un cierto consentido. Soledad a la que le falta el sujeto, que eras tú, además de cualquier verbo de los que debimos ser algún día juntos.
Ahora quiero ser yo sola, ¡algo! Sé que se cosen pieles a las heridas que un día descubriste en mí, pero ahora estoy en carne viva y hay un abismo que recorrer entre el cuadro de jirafa de la pared y mi cama vacía. Ya me estoy acostumbrando al dibujo, es muy parecido a la silueta de mi sombra. Siempre quise ser tu Vietnam en París y poner un candado en el puente. Tú lo sabías, lo compré mucho antes de la subasta, solo tenía una llave. No me dio tiempo a convencerte del viaje: Tú ya huías, huías de todo lo mío de la misma manera que te has marchado con todos nuestros viajes pendientes. Han pasado treinta y cinco años de camino por tu ausencia y quizá sea hoy el momento de enterrarte. Ahora que me reconozco puedo acompañarme en el viaje, puedo abrir el candado sola. Abrir el mundo que viene, abrir el grifo, abrir la cama, abrir los verbos, abrir los ojos, abrir y cerrar, cerrar y no verte, ni en sueños. Cerrar. Cerrarlo todo, menos las puertas. Cerrar sin miedo: capítulo, cuento, historia, la vida tuya, la vida contigo, toda la vida. Abrir y cerrar, cerrar y vivirme.

M.Rodríguez
@safecreative 


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